—Se va a enterar y nos va a matar… y no podemos ir sin los custodios.
—Que nos sigan en otro coche. Súbete.
Helena dudó, pero al final subió. Dakota encendió el motor y salió disparada.
En París, el teléfono de Alekos sonó.
—La señora Dakota conduce su coche. La hemos perdido —informó el cus