—¡Te mataré, Anastas! —gritó, convencido de que lo estaba viendo.
Dakota sintió que alguien la tocaba y se despertó.
Christopher la miraba. Le extendió unas bolsas y se las dio.
—Es hora de cenar. Supuse que te sentirías más cómoda con ropa, pero como prefieras.
—No cenaré con usted —respond