Capítulo 33
Dakota cayó sobre la cama.

—Es muy hermosa, señora Ravelli —dijo Christopher Anastas mientras acariciaba una de sus piernas.

—No se le ocurra tocarme —le advirtió Dakota, dándole un manotazo.

Christopher la miró sorprendido; era una gatita muy audaz.

Salió de la habitación y cerró la puerta
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