—Pedro, a partir de hoy el señor Anastas tiene permiso para ingresar a esta casa —dijo Stavros.
Alekos escuchó.
—¿Recibiendo a tu nuevo yerno? —preguntó Alekos con ironía.
—Si es lo que tu hermana quiere, te pido que no sigas peleando con él. Pensé que te quedarías con tu esposa —dijo Stavros.