—Yo no te corrí de mi oficina —respondió ella, cansada.—No te corrí. Solo te dije lo que quería, y tú no quisiste dármelo —replicó Alekos.
Dakota suspiró. Helena se acercó a la sala: no habían oído más después del grito de Dakota, así que fue la elegida para averiguar qué ocurría.
—Los estamos e