El hombre alto me persigue. Le tengo miedo y corro. Estoy perdida y agotada.
Christopher Anastas maldecía en la penumbra. La castaña, de belleza inquietante, no dejaba de moverse y destaparse, lo que para él se había convertido en una tortura. Su cuerpo parecía esculpido por un artista, y había algo en ella que lo mantenía como un imán atado a esa habitación.La observaba desde un sofá, sin poder apartar la vista.
—Llevas 24 horas sin dormir —le recriminó Helena a su hermano—. Así no le sirves a nadie, Alekos.—Mi hija lleva 24 horas sin su madre. Lárgate, quiero estar solo —respondió él con voz grave.
Dakota llevaba desaparecida un día. En ese tiempo había encontrado un cadáver, y ese había sido el momento más duro: sentir alivio por que no fuera ella, mezclado con la tristeza del hallazgo. Ya no sabía dónde más buscar, y solo quedaba presentar la denuncia.
Durante esos un día Alekos se había negado rotundamente a hacerlo. La noticia tomaria estado público y llamaría la atención de los