La madrugada había caído con una densidad inusual, como si el aire mismo estuviera impregnado de secretos por revelar. Iván se encontraba solo, su mente enredada en las verdades que acababa de descubrir. La traición de Elisa lo había dejado sin aliento, y lo peor era saber que no era el único jugador en este escenario. Montalvo había demostrado su poder, su influencia oculta, pero Iván tenía algo que no esperaba: la misma capacidad para manipular las piezas en el tablero.
En su apartamento, las