Cuando llegamos a la habitación de Cara, me tomo un momento para cerrar los ojos y respirar su aroma. Es embriagador. Kai quiere saltar sobre su cama y dar vueltas sobre él. Si no fuera raro, lo haría. La idea de estar rodeado de su olor y dejar el nuestro en sus sábanas nos hace felices a los dos.
Cuando me pregunta si he estado cerca de mi madre y sus brownies, no puedo evitar que se me dibuje una sonrisa en la cara. ¿Huelo como su postre favorito? Me inclino hacia ella y le paso la nariz por