94. MIEDO
Cuando nos separamos, ellas siguieron mi mirada aterrada, luego la volvieron a mí, y realizaron ambas la señal de la cruz. Sor Caridad se puso de pie interrumpiendo mi visión, e impidiendo que viera la grotesca sombra en la ventana.
—Yo te bendigo en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo —y ambas por un momento rezaron con devoción, luego volvieron a ocupar sus puestos —qué la luz te acompañe siempre y te aleje de la oscuridad, la palabra del señor es más poderosa y te protegerá.