300. CONSAGRACION
No comprendía la magnitud de nada de lo que estaba sucediendo, pues no sabía absolutamente nada, confiaba ciegamente en mi Julián y para mí, eso era más que suficiente. Hice el juramento que me decían.
Yo, Ángel del Castillo de Luz.
Pertenezco a la magia.
Juro que respetaré y honraré la luz,
la utilizaré, y la veneraré.
por los siglos de los siglos,
prometo ser un servidor de la luz.
Me alegré de que fuera tan corto y que no tuviera que memorizar nada, por suerte ya Julián me lo había en