250. TRANQUILIDAD
No contesté a la pregunta que me había hecho el capitán, pero volví a besarlo suavemente en sus labios, sintiendo como él me devolvía el beso con más deseos. Luego nos quedamos abrazados por un largo período de tiempo en que recosté mi cabeza en su hombro y me sentía llena de tranquilidad. No sabía explicarlo, pero en estos momentos sentía que el capitán era el único que me podía salvar. Además, me aterraba la idea de que lo fueran a separar de mí como había escuchado en mi sueño, y mandarl