25. ÁNGEL
Salté asustada ante la voz, girando mi cabeza para ver a Dolores, que me miraba muy seria. Algo en ella había cambiado, o eso me pareció. No sé cómo explicarlo, porque la veía un poco más alta, y gruesa. Sin embargo, era tanta mi alegría de verla que me puse de pie de un salto con claras intenciones de abrazarla, pero ella a una velocidad que me pareció fuera de lo normal se alejó de mí. Giró sobre sus pasos y se fue al tiempo que me decía.
—Aséese y baje a cenar, se hace tarde —hablaba sin de