247. EMBRUJO.
Ella se quedó por un momento en silencio mirándome fijamente, para luego soltar la risa como si lo que dije fuera una broma.
—Ja, ja, ja…, ¡tú prometido querida!
Me quedé de una pieza al escuchar aquello, algo había cambiado mi realidad debería averiguarlo muy rápido antes que las cosas se salieran por completo de control. Apenas tomé mi desayuno y me despedí diciendo que tenía que ir a buscar algo a mi habitación. No dejando que nadie me acompañara, me introduje en la de mi abuela, para co