209. MENSAJE
No puedo explicar la enorme emoción que me entró, cuando ella me enseñó la llave, apenas si tenía fuerzas para levantar mi mano y hacer que no temblara para tomarla. La hermana Inés me observaba curiosa, hasta que se adelantó e introdujo la llave en la cerradura.
—¿Qué extraño? Hubiese jurado que era esta. No abre —dijo volviéndola a sacarla de la cerradura.
—¿No abre? — pregunté ansiosamente — deja que pruebe yo.
—Está bien, toma el llavero, todavía tengo que hacer algunas cosas, si no es esa