203. PREOCUPACIÓN
Al terminar de desayunar, ya todos los niños estaban en el salón de baile. No sé porque no quería dejar ir al capitán. Ver que el monstruoso ser lo seguía persiguiendo a donde quiera que nos dirigimos me daba mucho miedo, no estaba segura si mi pulso lo iba a proteger de que lo volviera a poseer.
—Capitán, me gustaría que me acompañara a la capilla, si no está muy apurado —le pedí.
—¿En verdad está usted muy asustada por mí persona hoy, señorita del Castillo? — preguntó mirándome otra vez fij