194. NUEVA AMENAZA
Después que estuvimos largo rato conversando sobre dónde ubicar las mesas y que el capitán le diera todas las indicaciones que quiso al señor abogado sin que yo lo interrumpiera ni una sola vez. Por lo cual ambos hombres me miraban a cada rato que exponían sus ideas. Pero yo estaba feliz porque estaba siendo abrazada por mi gran amor, que me susurró al oído que le gustaría escucharme cantar. Por lo que dirigí mis pasos al piano, aún cuando ellos se debatían en los arreglos del baile comencé a