El canto de los pájaros y un tenue rayo de sol que entraba por mi ventana me dijeron que el día sería mejor que los anteriores. Eran las once de la mañana, me señalaban las hermanas que se retiraron dejándonos solos.
—¿Por qué hiciste eso, mi Julián? ¡No estoy loca! ¿O sí?
—No lo estás querida, te lo he dicho. No es el tiempo todavía para ello, debemos romper primero la maldición o todo se irá al traste.
—Oh, ¿es por eso? —pregunté bajando la voz y comprendiendo el tamaño error que había cometi