134. MISTERIO
—¡No niña, si le cuento la verdad! —Dijo muy seria. —Cuando ya faltaban tres días para regresar y separarnos de ella, él se negaba a comer y lloraba en silencio sin decir nada a nadie.
—¿De veras?
—Sí, el niño Lorencito se enamoró de Luz, desde que la vio en la playa. Cuando se enteró lo que pasaron a los abuelos de usted, padres de su mamá; corrió a donde estaba su abuela y prácticamente la obligó hacerse cargo de la niña Luz. Y desde entonces solamente se separó de ella, cuando era estrictam