A la mañana siguiente, Sebastián salió de su habitación con una presión desagradable instalada detrás de los ojos. Durmió poco y mal. Cada vez que conseguía cerrar los párpados, regresaban las palabras del licenciado Salvatierra, la cifra escrita en la notificación y una posibilidad mucho más aterradora que perder otros cien millones de dólares.
Juliana sabía que debían permanecer casados durante un año. Él mismo se lo explicó poco después de la boda y ella le dio su palabra de que lo ayudaría