Sebastián quiso acercarse, pero la expresión de Juliana lo detuvo. Durante ocho años confió en que el tiempo haría el trabajo que él nunca tuvo el valor de afrontar. Supuso que aquella herida se cerraría por sí sola, que las palabras perderían su fuerza y que Juliana terminaría relegándolas a un episodio doloroso de su adolescencia.
Ahora comprendía que ella no lo había olvidado.
Simplemente aprendió a vivir con el daño que él le causó.
—Sé que lo que hice fue imperdonable, pero...
—La primera