Juliana llegó a la Villa Echeverría poco después de las siete de la mañana, con el mismo bolso que había llevado durante años, el cabello recogido de la misma manera y esa expresión tranquila que utilizaba siempre que necesitaba recordarse a sí misma que, aunque su vida había cambiado por completo en los últimos días, algunas cosas todavía seguían siendo iguales.
O al menos eso intentaba creer.
Porque la realidad era que ya nada era igual.
Durante años había cruzado aquellas puertas sabiendo pe