El lunes llegó con la inevitable sensación de que la vida volvía a exigirles normalidad, aunque ninguno de los dos sintiera que aquella situación tuviera algo de normal.
Para Sebastián, aquel día marcaba el final de la pausa obligada que había tenido que tomarse después de recibir un disparo. La herida todavía le recordaba su existencia con una molestia constante, especialmente cuando hacía algún movimiento brusco o permanecía demasiado tiempo de pie, pero ya no era el hombre que apenas podía c