Cuando Sebastián terminó de arreglarse y miró nuevamente el reloj, se dio cuenta de que el tiempo había pasado más rápido de lo que esperaba. Eran casi las seis y media de la mañana, y aunque todavía tenía unos minutos antes de salir, su rutina le exigía moverse con rapidez. Tomó el teléfono, revisó algunos correos pendientes y terminó de acomodarse la camisa mientras organizaba mentalmente las primeras cosas que tendría que revisar al llegar a la empresa.
Habían sido demasiados días fuera.
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