Juliana intentó continuar con el resto del día como si la presencia de Sebastián dentro del apartamento no hubiera cambiado por completo la dinámica que había construido junto a Amanda. Se obligó a concentrarse en las cosas habituales, en preparar la comida, organizar la cocina y mantener la mente ocupada con pequeñas tareas que, en otro momento, habrían parecido insignificantes, pero que ahora se habían convertido en una forma de recordarse a sí misma que aquel lugar seguía siendo su hogar.
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