La cocina había vuelto a quedar en silencio, pero no era un silencio normal. Era uno de esos silencios pesados que quedaban después de una discusión demasiado intensa, cuando todos intentaban continuar con sus actividades como si nada hubiera ocurrido, aunque la tensión todavía permaneciera flotando en el ambiente.
Juliana continuaba junto a la mesa, doblando servilletas de tela con más cuidado del necesario, aunque hacía varios minutos que su atención había dejado de estar en lo que tenía entre