La frase que su abuelo había escrito seguía persiguiéndolo desde la noche anterior.
“Deberás informar a toda la familia Echeverría que estás casado con Juliana Ríos”.
Parecía una orden sencilla.
Casi insignificante.
Pero conocía demasiado bien a su familia como para saber que no había nada sencillo en pronunciar esas palabras.
Durante años había visto cómo los Echeverría juzgaban a las personas por el apellido que llevaban, por la cantidad de dinero que tenían en sus cuentas bancarias o por los