Juliana permaneció mirándolo durante varios segundos, esperando que él sonriera, que dijera que se trataba de algún tipo de broma absurda...
Pero Sebastián no sonrió.
Y eso fue suficiente para que ella reaccionara.
—No —dijo. La palabra salió antes de que pudiera contenerla.
Sebastián frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué?
—No —Juliana negó lentamente con la cabeza y se levantó del asiento—. No, Sebastián. Eso ya es demasiado.
Él la observó en silencio.
—Juliana...
—No —ella levantó una mano, deten