20.

Cuando Myra despertó casi de inmediato se dio cuenta donde estaba, el sonido de su ritmo cardiaco en el monitor y las agujas clavadas en su piel inyectando líquidos o sacando sangre. Cuando abrió los ojos la luz cegadora le dolió, pero se recuperó de inmediato.

Estaba acostada en una camilla, amarrada a ella con correas gruesas que le sujetaban los pies y las manos, la habitación era impolutamente blanca y había cientos de monitores y pantallas llenas de cosas que no entendió. Junto a ella, en
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