La pantalla parpadeó una vez antes de estabilizarse, y el número de expediente que Gael había tecleado con dedos demasiado seguros para la hora que era apareció en el centro del monitor con esa indiferencia que tienen los sistemas que no comprenden el peso de lo que guardan.
Valeria estaba de pie detrás de él. No había querido sentarse.
—Aquí está —dijo Gael, y su voz sonó extraña, como si hubiera ensayado el tono y hubiera fallado en el último momento.
Ella se inclinó hacia la pantalla. El exp