La pregunta llevaba horas suspendida entre ellos como humo que no termina de disiparse. Valeria la había formulado tres veces en su cabeza antes de pronunciarla en voz alta, y cuando por fin lo hizo, la habitación pareció contraerse alrededor de las palabras.
—¿Cómo fue?
Gael no respondió de inmediato. Estaba de pie frente a la ventana, con la espalda vuelta hacia ella y los brazos cruzados sobre el pecho en ese gesto que Valeria había aprendido a reconocer como una forma de contenerse, no de c