35| La junta. Parte dos.
Val esperó que externamente no se le notara lo nerviosa que estaba, las manos le sudaban y cuando vio los oscuros ojos de Gael puestos en ella creyó que perdería todas las fuerzas.
Se tuvo que sentar para evitar que la debilidad la derribara, había mucha gente en esa sala y ella solo podía sentir la presencia de Gael, de su mirada sobre su cuerpo, de su aliento acelerado. Le hubiera vendido el alma al diablo no más por saber qué pasaba por la mente del hombre, pero debía guardar compostura, de