Capítulo 4
Narra Bianca...

Llegué furiosa a mi nueva escuela.

Llevaba una falda de seda rosa, mi nuevo perfume de París y una sonrisa forzada que combinaba a la perfección con mis dientes apretados.

Una cachorra ilegítima. Eso era yo.

Una cachorra ilegítima que ya no podía estudiar en la Manada Real y a la que obligaron a exiliarse en otra manada para continuar sus estudios en secreto.

Maldición. ¿Por qué mi inútil madre me trajo al mundo como una bastarda?

Se suponía que debía haber crecido en la Manada Real, pero no...

Mi madre tenía que ser la amante. No la esposa ni la Luna. Solo el vergonzoso secreto que nadie quería reconocer.

Una bastarda.

Mi padre intentaba compensarlo porque, bueno, la culpa le sentaba bastante bien.

Gracias a su culpa, me había comprado automóviles de lujo, diamantes y suficientes bolsos de diseñador como para aplastar a cualquier loba inferior.

Pero el dinero no era un legado. Y la sangre no mentía.

Aunque se negaran a reconocerlo, por mis venas corría tanta sangre real como por las de cualquiera de ellos.

Así que, cuando llegué aquella mañana y todos asumieron que yo era la loba Alfa...

Bueno.

Sonreí, alcé la barbilla y acepté su admiración como si hubiera nacido para recibirla. Porque, evidentemente, así era.

Sinceramente, ¿qué se suponía que debía hacer? ¿Corregirlos? ¿Disculparme porque me habían confundido con una loba poderosa?

No, gracias.

Además, la verdadera loba Alfa y yo éramos prácticamente primas. Tampoco podía decirse que los estudiantes estuvieran del todo equivocados.

Se habían acercado bastante, ¿no?

Y entonces estaba él.

Callum.

Hombros anchos, mandíbula marcada y una cicatriz sobre la ceja que lo hacía parecer peligroso de la mejor manera posible.

Todas las lobas de la escuela prácticamente se derretían cada vez que él las miraba.

Pero él caminaba a mi lado. Me acompañaba por el campus como si mi lugar estuviera junto a él.

Porque así era.

Mientras avanzábamos, Toby, la inseparable mano derecha de Callum en el consejo estudiantil, revoloteaba a mi alrededor como un fiel cortesano.

No dejaba de repetirme que el consejo estudiantil estaba a mi disposición. Que podía comunicarme con él siempre que necesitara algo.

—Estamos aquí para servirle, princesa.

Estuve a punto de reír.

Princesa.

Por fin alguien se atrevía a decirlo en voz alta.

Giré hacia Callum y le dediqué mi sonrisa más dulce.

—Por cierto, ¿no le estoy quitando demasiado tiempo? No quisiera apartarlo de sus responsabilidades.

Él bajó la mirada hacia mí con aquellos ojos del color de una tormenta.

—No te preocupes por eso. Desde que éramos pequeños, sabía que terminaríamos juntos. Tus asuntos también son los míos.

Después hizo una breve pausa.

La yema de sus dedos rozó con suavidad el lóbulo de mi oreja.

El gesto fue tan inesperado y delicado que me hizo estremecer.

—Tienes las orejas desnudas... —murmuró—. Los pendientes que te envié a principios de año deberían quedarte muy bien. Espero que los uses.

Sentí que el rostro me ardía.

Y me encantó.

—C-claro... —murmuré, intentando ocultar el rubor que comenzaba a extenderse por mis mejillas mientras él retiraba la mano—. Los pendientes... Sí.

Por supuesto, nunca había recibido esos pendientes.

Porque yo no era la princesa, pero eso no importaba.

Poco después, Toby volvió a alcanzarnos. Parecía nervioso. Se inclinó hacia Callum y le susurró algo al oído.

Algo sobre una sin loba llamada Liora...

Al parecer, estaban acosándola.

Recordé a esa chica. La había visto junto a la entrada y se veía tan... común.

Como si acabara de levantarse de la cama y hubiera llegado en bicicleta desde un refugio para lobos sin hogar.

Aun así, había algo en ella que me incomodaba más que cualquier otra chica sin loba. Era como una espina que no conseguía arrancarme.

Toby explicó que Jessica la estaba acosando, al parecer... en mi nombre, estuve a punto de soltar una carcajada.

¿Así que ya tenía seguidoras?

Callum parecía preocupado y entendí de inmediato hacia dónde se dirigía todo esto.

—Jessica solo está siendo muy entusiasta —intervine con dulzura antes de que él pudiera hacer algo—. Me admira y únicamente intenta protegerme. ¿No te parece halagador?

Él dudó.

Por un instante, creí que el asunto terminaría allí, entonces dijo algo que me heló la sangre.

—Necesito ser sincero contigo. Hay algo que sentí. Esa loba... —dijo, refiriéndose a la de la entrada—. Creo que... es mi compañera destinada.

Parpadeé.

¿Ella?

¿Esa marginada sin loba y con problemas de actitud? ¿La misma que tuvo el descaro de cuestionarlo?

Observé a Callum, sorprendida.

Que me confesara algo así a mí, la supuesta princesa, cuando el futuro de su manada dependía de nuestra unión...

Se estaba arriesgando mucho, qué tierno. Sonreí con dulzura sin apartar la vista de él.

Deslicé una mano por su brazo y lo apreté con suavidad.

Lo suficiente para recordarle quién era yo.

—Entonces la rechazarás —dije con una sonrisa—. Porque tú me amas. Además, tenemos un compromiso arreglado. ¿Lo recuerdas?

***

Narra Liora...

—Callum quiere hablar contigo —repitió Toby al ver que no respondía. Evitaba mirarme a los ojos—. Será durante la clase de combate. Por favor, prepárate.

Prepárate.

¿Para pelear?

Eso era fácil.

¿Para enfrentarme a Callum?

Mi mente comenzó a imaginar un sinfín de posibilidades.

La clase de combate se llevaba a cabo en el campo de entrenamiento al aire libre de la escuela.

Era una amplia arena de tierra bajo un cielo demasiado despejado, rodeada de estudiantes que fingían no mirar, aunque lo hacían.

Los demás ya comenzaban a transformarse.

Lobos de pelajes brillantes, del mismo color que el cabello de sus formas humanas, erizaban el pelo y mostraban los colmillos para que los demás los vieran.

Yo permanecí quieta cerca del borde del campo. El amuleto que llevaba en el cuello latía con suavidad, mantenía mi aura oculta y reprimía mi aroma.

A ojos de todos, no era más que una asquerosa sin loba que no tenía lugar allí.

Jessica se aseguró de pasar una vez más cerca de mí.

Su forma animal era bastante pequeña, con un pelaje rojizo mezclado con tonos marrones y beige.

No le presté la menor atención a aquella exhibición deliberada de arrogancia. Solo podía pensar en él.

Callum.

El supuesto heredero perfecto. Mi compañero destinado. Mi... prometido.

Los pendientes que recibí varias semanas atrás, hechos de plata y grabados con el escudo de su familia, me desconcertaron cuando llegaron.

No venían acompañados de ninguna nota ni explicación, ahora lo entendía.

Eran de él. De Callum.

Supuse que habían sido el gesto de un lobo que se limitaba a cumplir con una cortesía: enviarle un regalo a una loba a la que nunca había visto. Poco después, Mia regresó a mi lado.

Tenía las mejillas enrojecidas y todo el cuerpo tenso.

—No pude transformarme otra vez... —murmuró con frustración—. Esta vez estuve muy cerca.

No era cierto, pero asentí de todos modos, sin apartar la vista del campo de entrenamiento.

No tenía sentido arrebatarle la pequeña esperanza que aún conservaba.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Mia.

Dudé unos instantes antes de dedicarle una pequeña sonrisa.

—Puede que tenga que hablar con alguien con quien, en realidad, no quiero hablar.

Sus ojos se abrieron de par en par.

—¿Es... un lobo?

No respondí.

Ella me entendió de inmediato. Mia soltó un pequeño jadeo.

—Por todas las estrellas... ¿Ya encontraste a tu compañero destinado?

No necesitaba saber quién era. Pero sí. Aun así, no podía vivir atada a matrimonios arreglados ni a linajes.

Había venido a esta escuela para que me vieran por quien realmente era, no por la corona que los demás imaginaban sobre mi cabeza.

Si Callum solo podía fijarse en mí cuando llevaba el nombre correcto...

¿Eso podía llamarse amor?

A pesar de todo, necesitaba hablar con él. Cara a cara. Cuando finalmente apareció, la reacción a mi alrededor fue inmediata.

Varias lobas se quedaron paralizadas en medio del entrenamiento.

Algunas soltaron risitas nerviosas. Una incluso dejó caer su arma de práctica. Callum cruzó la arena con el equipo de combate en las manos.

Le entregó parte del equipo a Bianca como si estuviera participando en una ceremonia real.

Ella lo recibió con una sonrisa demasiado perfecta para ser sincera. Entonces él caminó hacia mí. Todas las miradas siguieron sus movimientos.

Mi pulso se mantuvo tranquilo, pero el cuerpo se me tensó. Sabía lo que estaba a punto de ocurrir. Di un paso al frente cuando estuvo lo bastante cerca.

Mantuve la voz serena.

—Si vamos a hablar, será mejor hacerlo en otro lugar. En algún sitio más tranquilo.

Tal vez...

Podría decirle la verdad, pero él se limitó a mirarme, su mandíbula se tensó.

—No. —Su voz sonó fría—. Hablaremos aquí.

Todo pasó en un instante.

Entonces alzó la voz lo suficiente para que todos los presentes pudieran escucharlo.

—No sé quién eres, pero quiero dejar algo muy claro. —Hizo una breve pausa sin apartar la mirada de mis ojos—. Esto termina aquí.

Respiró hondo.

—En nombre de la Diosa Luna, te rechazo como mi compañera destinada, Liora Belrose.

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