Capítulo 5
Narra Liora...

Las palabras flotaban en el aire. El campo de entrenamiento se quedó en un absoluto silencio. Uno que dolía.

Hasta el viento parecía contener el aliento, esperando ver si me derrumbaba.

A mi espalda comenzaron a surgir murmullos bajos y cortantes.

—Espera... ¿Dijo lo que creo que dijo? ¿La rechazó como compañera?

—¿Son compañeros? ¿Ella?

—¿El heredero Alfa y una simplona sin loba?

La voz de Jessica atravesó los murmullos como una cuchilla, triunfante y burlona.

—¡¿Qué?! ¡Eso es imposible! ¡Liora no lo merece! ¿Acaso no sabe que Callum y la princesa Bianca están destinados a estar juntos?

Pero antes de que pudiera responder, lo sentí.

Hubo una pausa, una especie de retraso. El rechazo no hizo efecto, todavía podía sentir el vínculo, debilitado, pero intacto.

Yo sabía la razón.

Cuando me rechazó, no utilizó mi verdadero nombre.

Mi nombre real llevaba el apellido de la familia real, y un rechazo pronunciado sin el nombre verdadero no tenía validez.

Callum también pareció darse cuenta.

Por un instante, su rostro reflejó sorpresa. Nuestras miradas se encontraron.

Entrecerró los ojos. Para él, yo no era más que una molestia de la que no conseguía deshacerse.

Apreté los dientes, la ira era lo único que podía sentir.

—¿La amas? —pregunté con voz baja, pero firme—. ¿O estás rechazando a la compañera que la Diosa Luna eligió para ti solo porque no posee un título?

La mandíbula de Callum se tensó.

—Eso no es asunto tuyo.

Antes de que pudiera volver a hablar, ella apareció.

Bianca.

Caminaba con la elegancia de una loba convencida de que todo cuanto pisaba le pertenecía.

Entonces...

Lo besó en la mejilla, mis labios se tensaron.

—¿Eso no responde a tu pregunta? —dijo con una voz tan dulce como venenosa—. ¿Todavía no lo entiendes?

Jessica soltó una carcajada cruel.

—Pobre marginada sin loba. Parece que, después de todo, no eres tan especial.

El dolor en mi pecho se hizo más agudo al escucharla.

No aparté la mirada, no iba a darles esa satisfacción. Mia se acercó un poco más a mí.

Podía sentir cómo intentaba hacerse pequeña bajo todas las miradas que se posaron sobre nosotras, pero no huyó.

Se quedó a mi lado en silencio hasta que la tensión comenzó a volverse insoportable.

—Creo que los dos están siendo crueles —dijo apenas por encima de un susurro.

¿Por qué me defendía?

Mia continuó con la voz temblorosa:

—Liora, tal vez tú no sientas lo mismo, pero es la primera vez que alguien habla conmigo y se sienta a comer a mi lado... —Tragó saliva—. Quisiera poder protegerte... y ser tu amiga.

Jessica se volvió bruscamente hacia ella, con la mirada afilada.

—¿Perdón?

Mia se estremeció, pero no retrocedió.

—No pueden tratar así a los demás solo porque son diferentes.

La expresión de Jessica se volvió aún más despiadada.

—¿De verdad crees que una loba como tú tiene derecho a hablarnos de esa manera? Eres repugnante. Una falsa. Siempre vas vestida como una santurrona, pero todos saben que, por unas cuantas monedas, te acuestas con cualquiera. ¿No es cierto?

—¡Eso no es verdad! —protestó Mia.

Bianca entrecerró los ojos al observarla. Algo frío brilló en su mirada, oculto tras aquella sonrisa perfecta.

Cálculo.

—Supongo —dijo con ligereza y falsa elegancia—, que existe una manera justa de resolver esto.

Hizo una pausa.

—Un duelo.

Después se giró hacia la multitud.

—Si Mia gana, podrá quedarse. Si pierde... bueno, quizá otra escuela sea más adecuada para ella.

Sonrió.

—¿Y quién mejor para enfrentarse a ella? Yo, la princesa. Naturalmente, todo sea por mantener la paz.

Sentí cómo Mia se encogía a mi lado, tenía el pulso acelerado y las manos le temblaban.

Amiga.

Era la primera loba que quería ser mi amiga, no de la princesa, de mí.

—No —dije mientras me colocaba delante de ella—. Ella no va a luchar contigo.

—¿Tú? —Bianca parpadeó, fingiendo sorpresa.

Alzó la voz burlándose, como si hubiera escuchado el mejor chiste del mundo.

—¿Tú vas a enfrentarte a mí?

Alcé la barbilla.

—Sí.

La risa de Jessica se convirtió en un chillido de emoción.

—¡Esto va a estar buenísimo!

Bianca estiró los dedos con lentitud y dramatismo. El aire vibró ligeramente cuando sus garras comenzaron a salir.

Sonrió como si el combate fuera un juego que ya había ganado.

—Está bien —dijo mientras inclinaba la cabeza—. Seré amable contigo.

Entonces se lanzó contra mí. Era rápida pero yo lo era más.

—No será necesario —respondí.

Antes de que sus garras terminaran de salir, me moví.

Entré en su guardia, giré sobre las puntas de los pies y levanté la mano en un solo movimiento fluido.

El golpe resonó por toda la arena como el chasquido de un látigo. Su cabeza se giró bruscamente hacia un lado.

Retrocedió tambaleándose, con una mano sobre la mejilla y los ojos muy abiertos por la incredulidad.

—¡¿Cómo te atreves?! —gruñó, con la voz llena de rabia.

Volvió a lanzarse contra mí, esta vez, sin control, menos técnica y más furia.

Bianca lanzó una patada. Le atrapé el tobillo en el aire y lo torcí, haciéndola perder el equilibrio.

Consiguió sostenerse durante un instante con un gruñido furioso, mientras sus ondas perfectas se deshacían pero terminó estrellándose contra el suelo.

El aire escapó de sus pulmones en un jadeo lleno de sorpresa.

La multitud quedó en silencio, no me moví ni sonreí con arrogancia.

Solo me quedé allí, firme e imperturbable, observándola mientras intentaba ponerse de pie.

El odio deformó el rostro de Bianca, levantó una mano para golpearme. La esquivé con facilidad, pero entonces escuché un sonido metálico.

Mi collar. Mi amuleto.

Cayó al suelo con un leve tintineo, casi imperceptible.

En cuanto tocó la tierra, el aire cambió.

Mi aura, contenida durante tanto tiempo, se liberó como una represa que acababa de romperse.

Se extendió por toda la arena en una oleada poderosa, dominante y pura.

El aura de una Alfa.

Los jadeos se multiplicaron entre la multitud.

—¡Por la Diosa! ¿Qué es esto?

—Ella... ¿esa chica sin loba?

Bianca se quedó paralizada a medio paso. Nadie se atrevía siquiera a parpadear.

Yo no los miré. Lo miré a él.

¿Sería capaz de reconocer la verdad?

Callum.

Los ojos de mi compañero destinado se clavaron en los míos, muy abiertos, atrapados entre la incredulidad y la comprensión.

—¿Tú...? —Una voz murmuró lo que todos estaban pensando—. ¿Por qué... tiene el aura de una loba Alfa?

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