Narra Liora
En cuanto Bianca dijo: —Sí, lo soy — la multitud estalló en vítores.
Todos... Menos yo.
—¡Diosa mía! ¡Lo sabía! ¡Miren esa aura tan noble! ¡Solo alguien de sangre real podría tener una loba así!
—¡Por todos los dioses...! ¡De verdad estoy viendo con mis propios ojos a la misteriosa loba Alfa!
—¡Hasta Callum, que nunca le presta atención a ninguna loba, la está tratando con tanta consideración...! Es increíble. Como era de esperarse de la loba Alfa.
Me quedé atónita. Observé a Bianca durante unos segundos más...
Y luego solté una risa. Esto era más absurdo de lo que había imaginado.
Alguien se estaba haciendo pasar por mí delante de mis propios ojos. Vaya experiencia tan peculiar.
Estaba mintiendo. Pero decidí guardar silencio.
Había luchado mucho para poder asistir a esta escuela sin cargar con mi título como para revelar mi identidad tan pronto.
Además...
Sentía curiosidad por descubrir hasta dónde sería capaz de llevar esta farsa.
El hecho de que yo no aplaudiera no pasó desapercibido. Varios estudiantes intercambiaron miradas, evidentemente incómodos.
Después, todos volvieron la vista hacia mí con molestia.
Jessica fue una de ellos.
—¿Todavía sigues aquí? ¡Ya te lo advertí! ¿Es que no tienes modales? ¿Cómo te atreves a comportarte así delante de Su Alteza Bianca siendo una simple sin loba? ¡¿Acaso sabes quién es ella?!
Antes de que pudiera responder, Bianca hizo algo que me sorprendió.
Dio un paso al frente.
Entrelazó delicadamente las manos frente al cuerpo y habló con una voz suave y condescendiente.
—Lo entiendo —dijo mientras inclinaba un poco la cabeza y adoptaba una expresión compasiva—. Estás celosa. No todas tienen la suerte de convertirse en una loba Alfa. Pero... yo de verdad lo soy.
Su hipocresía me revolvió el estómago.
Callum, tan sereno como siempre, se acercó y tomó su bolso de diseñador como todo un caballero.
Le había creído. O, al menos, la había aceptado sin hacer una sola pregunta.
Después de eso...
No volvió a mirarme. Apreté los puños mientras pasaba junto a mí.
—¿Solo les das flores a quienes consideras dignas por su estatus? —pregunté en voz baja, lo suficiente para que únicamente él pudiera escucharme—. ¿Eso es lo que hace valiosa a una loba ante tus ojos? ¿Un título? ¿Que asegure ser la loba Alfa?
Su mirada se posó en mí durante apenas un instante. Como si yo no fuera más que una molestia.
Jessica alcanzó a escuchar parte de mis palabras y no perdió la oportunidad de intervenir.
—¡¿Cómo te atreves a hablarles de esa manera?! ¡Y a la loba Alfa, nada menos! ¡Sin loba! —escupió con indignación—. ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? ¡Aprende cuál es tu lugar! ¡Uf! ¿Quién te crees que eres?
Bianca soltó una risita elegante, casi digna de una santa.
—No importa —dijo—. La perdono.
¿Perdonarme?
Jessica se pegó a su lado como un cachorro fiel mientras empezaban a caminar.
—Eres muy amable, Bianca. ¿Puedo ser tu amiga? ¿Cómo es pertenecer a la realeza? ¿De verdad vives en un castillo? ¿Tus guardias usan armaduras de plata? ¡No puedo creer que por fin estés aquí! ¡Nadie te había visto en años! ¡Esto es tan emocionante!
Las demás lobas también se acercaron, ansiosas por agradarle.
La rodeaban como si fuera la mismísima Diosa de la Luna. Y, bajo su mirada satisfecha, todas comenzaron a ignorarme.
Una tras otra, pasaban a mi lado.
Algunas incluso chocaban contra mi hombro a propósito. Mientras se alejaban, repetían la misma expresión con desprecio.
—Sin loba.
Muchos de estos estudiantes servirían bajo mis órdenes algún día.
Y, sin embargo...
Lo único que estaban demostrando frente a mí era su brutal estupidez.
Apoyé el mentón sobre una mano y sonreí para mis adentros. La vida en esta escuela... Acababa de ponerse interesante.
Más tarde, esa misma mañana, cuando me presenté ante la clase, el ambiente ya se había vuelto hostil.
Los susurros me seguían a todas partes. Las miradas que me dirigían eran frías y llenas de juicio.
Y cuando pronuncié las palabras "sin loba", toda el aula pareció exhalar al mismo tiempo, como si acabaran de confirmar algo desagradable.
Me senté sola. Nadie hizo el menor intento por cambiar eso. Al terminar la clase, Jessica volvió a interceptarme.
Esta vez fue mucho menos discreta.
—Así que te llamas Liora, ¿eh? Liora Belrose.
Era el apellido de mi madre. No podía correr el riesgo de usar el de mi padre.
Jessica soltó una risa burlona.
—Debes de ser una completa don nadie si ni siquiera yo había escuchado hablar de ti. No me importa quién creas que eres —dijo mientras invadía mi espacio personal—. Si vuelves a intentar hacer quedar mal a Bianca, haré que te arrepientas.
Levanté una ceja.
—¿Se supone que eso debe asustarme? ¿Siempre te dedicas a intimidar a los demás de esta manera?
—¡¿Qué?! —Jessica se enfureció—. ¡¿Intimidar?! ¡Estás muerta!
Podría haberla derrotado sin esfuerzo.
Sinceramente, después del día que había tenido, una pelea no sonaba tan mal.
Pero antes de que pudiera responder con algo más que palabras, una voz tímida nos interrumpió desde atrás.
—...J-Jessica. U-una profesora quiere verte.
Me quedé inmóvil. La voz pertenecía a una loba que apenas me llegaba al hombro.
Llevaba unas gafas demasiado grandes para su rostro. Su corto cabello negro le ocultaba parte de la cara.
Y abrazaba los libros contra el pecho como si fueran un escudo. Podía percibirlo con claridad.
Era una chica sin loba. Silenciosa y asustada.
Jessica miró por encima de mi hombro, como si no pudiera creer que esa chica se hubiera atrevido a hablarle.
—¿Mia? —bufó—. ¿Qué acabas de decir?
—E-es urgente...
Las manos de Mia temblaban pero no retrocedió. La expresión de Jessica se endureció.
Por un instante, vi cómo sus verdaderas garras intentaban salir bajo aquella manicura rosada.
Levantó la mano como si realmente fuera a golpearla. Me moví antes de pensarlo. Sujeté su muñeca antes de que pudiera alcanzarla.
Los ojos de Jessica se abrieron de par en par.
—¡No te atrevas a tocarme!
—Entonces no la toques tú.
No levanté la voz, no era necesario.
Jessica retiró el brazo de un tirón, claramente sorprendida por mi fuerza.
—¡Te vas a arrepentir! —gritó, aunque su voz tembló—. ¡Fenómenos! ¡Sin loba! ¡Perdedoras!
Después se marchó a toda prisa mientras seguía lanzando maldiciones.
Mia alzó la vista hacia mí. Sus ojos estaban llenos de gratitud.
—Gracias.
Asentí una sola vez.
—¿Estás bien?
—C-creo que sí...
Nos miramos durante unos segundos. Y las dos sonreímos.
***
Cuando llegó la hora del almuerzo, me senté convencida de que comería sola. Por eso me sorprendió ver que Mia se sentaba conmigo.
O, mejor dicho, cerca de mí.
Jugaba nerviosamente con la comida de su bandeja.
—Eres... sorprendentemente fuerte —dijo en voz baja, haciendo que volviera la cabeza hacia ella—. Pero... yo no lo soy. En realidad, no.
Aquello pareció surgir de la nada.
Siendo una chica sin loba, era evidente que había sufrido acoso durante mucho tiempo.
—Eres más fuerte de lo que crees —respondí con una sonrisa tranquila—. Tuviste el valor de intervenir cuando de verdad importaba. Eso ya es más de lo que hace la mayoría.
Mia seguía viéndose inquieta.
—Hay algo que quizá no sepas... Nuestra escuela es un poco diferente. Tal vez debería explicártelo.
Asentí mientras le daba un mordisco a mi sándwich.
—Bueno... El grupo más fuerte de la escuela está en la cima. Es una élite de combate formada por los futuros Alfas de las manadas más importantes. Todos los respetan. Todos les temen. Nadie se atreve a enfrentarlos. No entraré en detalles, pero están Zane, Drake... y quien los dirige a todos es el presidente del consejo estudiantil.
Hizo una breve pausa.
—Callum. El heredero de la manada más poderosa. Todos lo conocen. Todos quieren ser como él... o estar con él.
Me quedé paralizada.
—Espera... ¿El heredero de la manada más poderosa?
¿Cómo era posible...?
Sabía que mi matrimonio político había sido acordado con el heredero de la manada más fuerte del país.
Pero nunca imaginé que no solo estuviéramos comprometidos... También éramos compañeros destinados.
Y, aun así...
Él acababa de entregarle mis rosas a otra loba. ¿De verdad no me quería? ¿No había sentido nada?
Bianca no solo me había robado la identidad. También me había arrebatado a mi prometido. Había ocupado mi lugar en mi propia vida sin dudarlo.
Me froté la frente y establecí un enlace mental con una de mis sirvientas.
La voz de mi doncella de cabello plateado respondió casi al instante.
—¿Su Alteza...?
—Soy yo. Investiga a una estudiante transferida llamada Bianca. Acaba de ingresar a la escuela. Quiero saber todo sobre su pasado.
—Sí, mi princesa.
El enlace mental se cortó. Mia ya había terminado de recoger su bandeja.
Me miró con curiosidad.
—Eh... ¿Liora? El almuerzo ya terminó. Creo que ahora tenemos clase de combate.
Antes de que pudiera decidir qué hacer con Callum, alguien llamó a la puerta del salón.
Un miembro del consejo estudiantil, o al menos eso deduje por el distintivo que llevaba en el uniforme, permanecía junto a la entrada con una expresión un poco tensa.
—Liora —dijo con rigidez—. Callum quiere hablar contigo.