El silencio que siguió fue denso. Todos parecían hacer sus propios cálculos. Zane me miró juguetón.
—Recuérdame nunca jugar ajedrez contigo.
El director tosió y volvió a sentarse, esta vez más despacio.
—Tal vez podamos llegar a un acuerdo.
Esperé.
—Podrás quedarte si apruebas... un examen. Está programado para poco antes del baile. Si repruebas, cancelaremos tu matrícula. Discretamente.
Apreté los puños. De todas formas, tendría que marcharme después del baile de despedida, pero aún tenía