Capítulo 2
Narra Callum

Tres días antes de su llegada...

Estaba rodeado de informes, aprobaciones de presupuesto, programación de eventos y todas las tareas habituales del consejo estudiantil cuando recibí un enlace mental.

—Hemos recibido noticias —anunció la voz grave de mi padre a través del vínculo—. Ella será transferida a tu escuela.

Mi madre intervino de inmediato, incapaz de contener la emoción.

—¡La única loba Alfa! ¡Tu futura prometida!

Claro. Ella, la loba Alfa.

—Debes causarle una buena impresión, Callum —continuó mi padre—. Esto no es un juego. Ella es la clave para el futuro de nuestra manada.

—¡Tienes que conquistar su corazón! —añadió mi madre con entusiasmo.

Toby, mi futuro Beta y actual vicepresidente del consejo estudiantil, permaneció a mi lado durante toda la conversación.

—¿Se refieren a esa loba Alfa? ¿La del linaje real? ¿La princesa? Presidente, ¿qué pasará con todos nuestros planes?

No necesité pensarlo.

—Suspéndelo todo. Aplacen las reuniones. A partir de ahora, dedicaré mi tiempo a conocer a mi futura compañera destinada.

Siempre había sabido que, como heredero de la manada más grande del país, no podía casarme con cualquiera.

Mi futura compañera debía ser poderosa.

Desde pequeño me habían enseñado a respetar a la loba con la que algún día me comprometería.

La única loba Alfa. Poderosa, misteriosa y noble.

Nunca la había conocido en persona, pero sabía lo suficiente sobre ella.

Era disciplinada, fuerte y de carácter dominante. Los rumores decían que era el tipo de loba que jamás se arrodillaba ante nadie, sino que obligaba a los demás a arrodillarse ante ella.

Eso era digno de admiración.

Siempre me había sentido orgulloso de estar comprometido con alguien como ella. Nunca resentí aquel acuerdo. Al contrario, estaba convencido de que nos entenderíamos.

La mañana de su supuesta llegada...

Alisé el saco de mi uniforme y caminé hacia la entrada con un ramo de rosas de un rojo intenso.

Como era de esperarse, apenas llegué, todas las miradas se concentraron en mí.

Las lobas suspiraban, gritaban emocionadas e intentaban llamar mi atención.

Pero yo no estaba allí por ninguna de ellas. Había ido por ella.

Por la loba que debía convertirse en mi legítima compañera.

—¡Callum! ¿Quién es la afortunada? ¡Esas rosas son preciosas!

Mi atención se desvió hacia un destello de uñas acrílicas rosadas, dijes brillantes y unas garras cuidadosamente ocultas bajo varias capas de brillantina.

Jessica.

La conocía más por la imagen que se empeñaba en mostrar que por su verdadera personalidad.

Le respondí como siempre. Con una sonrisa fría.

Mientras esperaba sin prestar demasiada atención a lo que ocurría a mi alrededor, percibí un pequeño alboroto.

O, mejor dicho, reparé en la loba que lo estaba provocando.

Un grupo de lobas rodeaba a alguien.

La desconocida llevaba una sudadera sencilla, jeans gastados y el cabello recogido en una cola de caballo que parecía elegida por comodidad, no para llamar la atención.

Definitivamente, no tenía aspecto de pertenecer a la realeza.

Una de las lobas la empujó sin el menor cuidado.

Después la llamó "sin loba".

Un insulto dirigido a quienes no poseían un lobo interior. La desconocida se limitó a levantarse.

No mostró miedo. No tartamudeó ni se apresuró a pedir disculpas.

Solo se sacudió el polvo de las rodillas y corrigió el comportamiento de la otra loba con una precisión cortante.

Algo se agitó dentro de mi pecho. Entonces percibí su aroma. No era intenso ni evidente.

Pero bastó para despertar el reconocimiento. Mi compañera destinada.

La sensación era imposible de describir.

En cuanto su aroma llegó hasta mí, mi lobo y yo supimos exactamente quién era.

Pero... Solo era una chica sin loba.

En ese momento, un lujoso automóvil negro se detuvo frente a la entrada. El suave rugido del motor atrajo de inmediato todas las miradas.

—¡Ya llegó! —gritó alguien.

Del automóvil descendió una loba de larga cabellera ondulada y piernas interminables. Todo en ella era brillo, lazos y una imagen cuidada hasta el último detalle.

Su llegada, tan elegante como ostentosa, pareció borrar cualquier duda.

Tenía que ser ella.

La loba Alfa a la que llevaba tanto tiempo esperando. Me dirigí hacia ella cuando algo me obligó a detenerme.

Bajé la mirada y mi cuerpo se tensó ligeramente. Era la chica sin loba de hacía un momento.

Levantó la vista y nuestras miradas se encontraron. El aroma de mi compañera destinada se volvió más intenso.

Embriagador.

Me atraía con una fuerza casi imposible de resistir.

Y, aun así... Lo único que sentí fue rechazo.

No podía ser. No debía ser.

¿Cómo podía mi compañera destinada ser...

...una chica sin loba?

Tan pobre, tan insignificante, tan indigna de mí.

Intenté pasar de largo, pero sus delicados dedos se aferraron a la manga de mi uniforme.

—Espera... Disculpa, nosotros...

—Hazte a un lado —ordené con frialdad mientras apartaba su mano.

Ella no respondió.

Sin embargo, sentí que algo se quebraba entre nosotros, como si un vínculo que apenas comenzaba a formarse se hubiera roto de golpe.

Aun así, había alguien mucho más importante esperándome.

Caminé hasta la deslumbrante loba que acababa de bajar del automóvil y le ofrecí el ramo de rosas.

—Bienvenida a nuestra escuela. Hoy es tu primer día. ¿Te gustaría que te mostrara el campus?

La loba me sonrió, no había duda, ella era la loba a la que debía elegir.

La verdadera loba Alfa.

***

Narra Liora...

No podía escuchar con claridad a mi loba interior. El amuleto reprimía gran parte de mi poder, aunque todavía podía sentirla inquieta dentro de mí.

Callum.

Ya conocía su nombre gracias a todos los gritos que había escuchado a mi alrededor.

Era alto, de hombros anchos y extraordinariamente apuesto.

Mi compañero destinado.

El vínculo entre compañeros era una bendición otorgada por la Diosa de la Luna. Nuestro compañero destinado era el amor que ella había elegido para nosotros.

Sin embargo, Callum pasó frente a mí como si yo no existiera.

Su atención se dirigió sin vacilar hacia la loba que acababa de descender del lujoso automóvil, mientras aún sostenía el ramo entre las manos.

—¿Puedo saber tu nombre? —preguntó al ofrecerle las rosas.

La loba sonrió con dulzura. Era evidente que había practicado aquella sonrisa muchas veces.

—Bianca. ¿Y tú?

—Callum.

La voz de él se suavizó.

—Llevo mucho tiempo esperándote.

Comenzó a caminar a su lado, dedicándole una atención que jamás me había mostrado a mí, como si aquel fuera el lugar al que siempre había pertenecido.

¿Bianca...?

Antes de que pudiera asimilar lo que estaba ocurriendo, otro empujón me tomó por sorpresa.

Jessica soltó una risa burlona.

—¡Por todos los dioses! ¿Podrías dejar de estorbar? Solo eres una simple sin loba. ¡Ni se te ocurra dirigirle la palabra a Bianca!

Entrecerré los ojos. Mi paciencia comenzaba a agotarse.

Jessica volvió la mirada hacia Bianca, ansiosa por ganarse su favor.

—¿Eres la loba Alfa de la Manada Real...?

Las demás lobas se acercaron de inmediato y me apartaron a empujones como si fuera invisible.

—¡Miren! ¡Bajó de ese automóvil de lujo! ¡Tiene que ser ella!

—¡Solo vean cómo está vestida! ¡Tiene que ser...!

—¡La princesa! ¡La única loba Alfa!

Entonces lo comprendí. Todo el plan había quedado al descubierto.

La escuela entera esperaba la llegada de la loba Alfa ese mismo día.

Pero, como yo fingía ser una chica sin loba, nadie había sido capaz de reconocerme.

Había llegado en bicicleta, vestida con unos jeans desgastados y una sudadera.

Ella, en cambio, acababa de bajar de un automóvil de lujo, con tacones y cubierta por el aroma de un costoso perfume importado.

Y ahora...

Todos habían confundido a Bianca con la loba Alfa.

¡Qué absurdo! ¿Cómo podía ser ella?

Si la verdadera princesa era yo...

Bianca hizo una breve pausa.

Después sonrió mientras acercaba las rosas a su nariz.

—Muchas gracias a todos. Y sí... Yo soy la loba Alfa.

¿Qué?

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