Narra Liora…
Mia no hizo preguntas, y quizá por eso su compañía se sintió como un alivio en vez de otro recordatorio.
No insistió. Eso me gustaba de ella.
No llenó el silencio con palabras nerviosas ni con una compasión indiscreta. Se limitó a quedarse cerca. Su calma envolvía mis heridas como una manta suave.
Su presencia era discreta, pero nunca distante. Cálida, pero nunca invasiva.
Se sentó junto a la ventana con las piernas dobladas bajo el cuerpo y un libro apoyado sobre las rodillas