El silencio volvió a llenar la habitación.
Los pasos del hombre en el pasillo ya habían desaparecido, pero la tensión seguía en el aire como una sombra invisible.
Santiago fue el primero en moverse.
Caminó hasta la puerta y la abrió con cuidado, apuntando con su arma hacia el pasillo.
Vacío.
Ni rastro del visitante.
Adrián también salió unos segundos para revisar.
—Se fue —dijo finalmente.
Valeria seguía en el centro de la habitación, intentando comprender lo que acababa de ocurrir.
—¿Por qué a