La alarma de la computadora seguía sonando.
BEEP… BEEP… BEEP…
El sonido llenaba todo el refugio subterráneo.
Mateo movía el mouse rápidamente tratando de cerrar las ventanas que aparecían en la pantalla.
Pero cada vez que cerraba una… aparecía otra.
—Está entrando al sistema —dijo con tensión en la voz.
Santiago ya estaba caminando hacia la entrada del refugio.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
Mateo revisó el mapa digital que se mostraba en el monitor.
—Si el rastreador viene de donde creo… menos de di