—¿Has oído lo que pasó esta madrugada? Parece que esa mujer por fin sacó de quicio al Señor Tabar.
—No me extraña que lo haya logrado. De todas maneras el Señor se ve entretenido en las garras de la extranjera. Sabe cómo seducirlo.
—No creo que sea muy difícil, querida. Solamente se le resistió un poco y eso lo enloqueció ¿O acaso no escuchaste lo que le dijo? “Deja de escaparte de mí” o algo así. Está tan acostumbrado a que la piernas flojas de Ada se le lance en cada rincón que está disfrut