FATÍDICO ANHELO
Zarah no lloró. Solo dió vuelta el rostro escapando del tacto de Tabar. Un vacío asfixiante invadió al hombre que en ese instante sólo deseaba tener la mano de su esposa entre las suyas un poco más. Las palabras eran insuficientes para transmitir sus verdaderas intenciones. Necesitaba tocarla, rodearla con sus brazos para hacerle comprender que podía estar segura a su lado ¿Cómo le haría entender que había más en él que la bestia que ella había conocido en el comienzo? Incluso después de esa noc