El verdadero infierno.
Narra Juliette:
El salón se había transformado en un altar a la humillación, y yo era la única sacerdotisa encargada de sacrificar mi propio orgullo sobre él.
Estaba allí, paralizada por una mezcla de náusea y fascinación mórbida, observando cómo la puerta se abría para dejar entrar, no a una mujer enferma, sino a una aparición.
Camille. Mi hermana.
La sombra que siempre debió permanecer en los rincones oscuros de mi vida, ahora caminaba hacia el centro del escenario con una majestuosidad que m