Cap. 46
Pov Lilian
— ¿Acaso no puedo estar en mi propia casa? — responde cerca de mí.
—No me refiero a eso — repito, más bajo.
Su cercanía me desarma. No retrocede, no se aparta. La mano en mi espalda sigue ahí, quieta, como una marca invisible que él mismo ha trazado.
Concéntrate, Lilian. Tienes un micrófono en el bolsillo.
—Me refiero a que… — busco las palabras con cuidado, como quien pisa una cuerda floja— me dijeron que tenías reuniones fuera todo el día. Y apareces aquí, sin avisar.
Hago una paus