Punto de vista de Elena
Las luces fluorescentes del servicio de urgencias del NYU Langone eran demasiado brillantes, demasiado frías y me recordaban demasiado a todos esos momentos en los que mi vida se había desmoronado en una sala estéril.
Me senté en el borde de la camilla, clavando los dedos en la fina sábana de papel que la cubría; el crujido resonaba como un ruido de estática en la silenciosa sala. Cada vez que respiraba, un espasmo agudo y repetitivo me sacudía el abdomen.
Eran hipos de