Al escuchar eso, Lucas tembló ligeramente y, con una sonrisa amarga, murmuró:
—Sí, siempre hemos sido nosotros los que hemos hecho la vida imposible a Celia. Pero, aun así...
Sus ojos reflejaban una feroz determinación.
—¡Vamos a arrastrarlos al infierno!
En ese momento, Marco apareció corriendo con el paquete de cartón que había arrojado. Frente a Isabel y Carlos, que seguían defendiendo su supuesta inocencia, Marco sonrió amargamente, levantó la USB y, con voz llena de tristeza, dijo:
—Ahora l