Punto de vista de Camille
El puño voló hacia mi rostro con una velocidad imposible de esquivar. Intenté bloquearlo como Jason me había enseñado, pero mis brazos pesaban como plomo. Sus nudillos rozaron mi mejilla mientras yo retrocedía, tambaleándome.
—Muy lento —gruñó—. Otra vez.
Mis pulmones ardían, el sudor me quemaba los ojos, llevábamos casi dos horas entrenando, y el reloj digital de la pared marcaba las 5:47 AM. El sol ni siquiera había salido.
Jason Winters estaba frente a mí sobre el tapiz de entrenamiento, respirando con normalidad. Su corte militar y rostro marcado por cicatrices no mostraban cansancio ni frustración, solo fría evaluación. Había protegido a presidentes y miembros de la realeza antes de convertirse en jefe de seguridad de Victoria y en mi instructor de combate.
—No puedo —jadeé, con las manos en las rodillas—. Necesito agua.
—Tu hermana no te dará agua cuando esté destruyendo todo lo que amas —dijo con voz plana—. Tu exesposo no te dará un respiro cuando se r