Cap. 87: Si no es mío, no será de nadie.
El pent-house estaba sumido en una penumbra decadente. Las cortinas cerradas, las luces bajas, el aroma de velas perfumadas que no alcanzaban a tapar el olor del vino derramado en la alfombra. Megan caminaba descalza, con una bata de seda mal anudada, los labios manchados de rojo, el cabello recogido a medias como si el desorden fuera parte de su uniforme de guerra.
En el sillón, Hank la observaba con media sonrisa torcida, un cigarrillo apagado entre los dedos. Llevaba minutos ahí, silencioso,