Cap. 84: Entre la espada y la pared.
La sala de reuniones estaba cargada de una tensión sorda. El reloj marcaba las diez en punto cuando el delegado de Al-Fayed llegó, escoltado por su asistente y cargando una carpeta con el sello oficial del consorcio.
Nathan Callahan ya estaba allí, con la mirada clavada en la ventana, las manos en los bolsillos y el gesto endurecido por días de insomnio y rencores mal digeridos. Axel Montgomery revisaba unos documentos con aire impaciente, sin sentarse, como si su cuerpo supiera que lo que vení