Cap. 239: Una esposa fugitiva. Un abogado prohibido.
Cap. 50: Balas, sangr3 y pruebas.
La fonda de Doña Cresencia quedaba al borde del mercado, una construcción de adobe pintada de azul deslavado, con un techo de tejas viejas y una puerta de madera carcomida por el sol. A simple vista, era una fonda como cualquier otra. Pero esa noche, no era cualquier día.
Los agentes enviados por Logan —encubiertos como vendedores ambulantes y parroquianos— llevaban más de tres horas apostados entre las sombras. Uno barría la acera con desgano. Otro vendía elo