Cap. 232: Una esposa fugitiva. Un abogado prohibido.
Cap. 43: ¡Digan la verdad!
La puerta se abrió con un golpe seco. Ignacio Estrada apareció en el umbral, con el ceño fruncido y la voz áspera.
—¿Ustedes quiénes son? ¿Cómo se atreven a entrar así a mi casa?
Aria dio un paso al frente, el corazón le golpeaba en las costillas. Su voz salió firme, aunque por dentro temblaba.
—Entro a esta casa porque también es mía… ¿no me reconoces, Ignacio Estrada?
El hombre parpadeó, desconcertado. Se acomodó los lentes y la observó de arriba abajo, como si busc